El 7 de abril de 1994 comenzó la masacre.
Nuevamente el horror en toda su dimensión.
Hutus y Tutsis.
La etnia Hutu ataca a la etnia Tutsi con el objetivo de aniquilarla.
Incluso Hutus moderados fueron atacados por los Hutus más radicales y extremistas.
Casi las tres cuartas partes de la población tutsi fue exterminada sin piedad. ¿Qué pasó?
O más bien ¿cómo pudo pasar?
El genocidio no ocurrió de un día para otro.
La desastrosa política del país que había conquistado en el siglo anterior Ruanda durante mucho tiempo; la conflictiva relación social entre las sectas hutus y tutsis, que se fue deteriorando más y más hasta llegar a la gota que desbordó el vaso. Y una vez que el genocidio comenzó, fue notoria la impotencia, la pasividad de las grandes potencias y de los organismos internacionales para frenarlo.
Esta horrible «película» ya la habíamos visto…
En apenas tres meses y poco más fueron eliminadas más de 800.000 personas.
Con todas las secuelas y consecuencias imaginables e inimaginables.
Destrucción. Masacre. Desolación.
La peor tragedia ocurrida en el continente africano.
Y no podemos ser ajenos a esto.
En el caso nuestro, no podemos ser ajenos precisamente por haber vivido un genocidio -Holocausto- que nos marcó para siempre.
Pero nadie debe estar ajeno. Nadie.
Lo mínimo que podemos hacer es conocer sobre la tragedia y ser sensibles a ella.
Si: fue en pleno siglo XX.
Genocidio Armenio; Shoah; Genocidio en Camboya; en los Balcanes.
Genocidio en Ruanda.
Y más…
Fueron algo más de tres meses. Cien días.
Cien días de horror.
Las formas del exterminio fueron horribles.
Entrar en detalles no podemos y tampoco queremos.
25 años después, difícil que esta herida cicatrice.
Por más que Ruanda en muchos aspectos se rehízo, ha cambiado y hoy es otro país.
El mundo no debe permitir nunca más algo semejante.
Nunca más.
Un genocidio provocado por el etnicismo
09/Abr/2019
Por Lic. Rafael Winter, para CCIU